2 de noviembre

cuatro velas en movimientoDespués del pecado vino la muerte.

Pero, la muerte del cuerpo es buena porque:

La muerte del cuerpo  puede permitirnos ver a Dios.
La muerte del cuerpo es la puerta del paraíso.
La muerte del cuerpo puede instalarnos en la felicidad.
La muerte del cuerpo nos lanza a los brazos del Amor.
La muerte del cuerpo nos rompe las ataduras del alma.
La muerte del cuerpo nos puede librar del peso del pecado.
La muerte del cuerpo nos cambia.
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Si la muerte del cuerpo no fuera buena, Dios no nos llamaría por ese medio.
Además la muerte mala, la del ser humano integral, esa muerte fue vencida por Jesús.
No temamos a Dios cuando nos llame por nuestro nombre en el mejor momento para salvarnos. Vivamos cada instante con la mirada en Dios, escuchando su Palabra y alimentándonos de Él, así posibilitamos nuestra salvación.
Y si, en ese momento de nuestras vidas, todavía estamos apegados a algo de aquí, no temamos porque el Amor todavía nos da otra oportunidad: el Purgatorio, que se comunica con la tierra por esa maravilla que es la Comunión de los Santos.
Oremos siempre, y de forma especial hoy, por todos los hermanos nuestros que todavía purifican sus almas después de la muerte. 
Oremos también por todos los que viven alejados de Dios para que, antes de la muerte de su cuerpo, conviertan su vida estéril en amor reflejo de Dios.
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Todos los Santos

portasantos15HIMNO DE VÍSPERAS

Estos son los que a Cristo siguieron,

y por Cristo la vida entregaron,

en su sangre de Dios se lavaron,

testimonio de amigos le dieron.

Sólo a Dios en la tierra buscaron

y de todos hermanos se hicieron.

Porque a todos sus brazos se abrieron,

éstos son los que a Dios encontraron.

Desde el cielo, nos llega cercana

su presencia y su luz guiadora:

nos invitan, nos llaman ahora,

compañeros seremos mañana.

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¿A quién te agarras?

Jesús y SagrarioSi sientes una pesada cruz en tu vida, entonces vuélvete hacia Dios porque Él es especialista en cambiar la cruz por la resurrección. Si te pones en sus manos te cubrirá de gloria.

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El secreto

Hoy es San Juan Pablo II

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La pecadora

índiceSi quieres acercarte a Dios sigue el ejemplo de esta mujer que, en el Evangelio de hoy, nos enseña como amar al Amor:

Lucas 7, 36-50: En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora».

Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El fariseo contestó: «Dímelo, Maestro». Él le dijo: «Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?» Simón le respondió: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».

Entonces Jesús le dijo: «Haz juzgado bien». Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama». Luego le dijo a la mujer: «Tus pecados te han quedado perdonados».

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: «¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?» Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz».

Esta mujer tenía sed de amor y se acerca a la única fuente que calma esa sed. Ella se acerca con delicadeza, humilde y un perfume en sus manos; solo se atreva a tocar los pies de Jesús pero, en ellos, se desborda su amor. Un amor que está  lleno de detalles: los acaricia, los baña con sus lágrimas, los enjuga con sus cabellos…y así, su mucho amor le trae mucho perdón.

Cuando te acerques a Jesus en la Eucaristía, recuerda tener con Él la mayor manifestación de amor.

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