Después del pecado vino la muerte.
Pero:
La muerte del cuerpo es buena.
La muerte del cuerpo nos permite ver a Dios.
La muerte del cuerpo es la puerta del paraiso.
La muerte del cuerpo nos instala en la felicidad.
Si la muerte del cuerpo no fuera buena, Dios no nos llamaría por ese medio.
Además la muerte mala, la del ser humano integral, esa muerte fue vencida por Jesús.
No temamos a Dios cuando nos llame por nuestro nombre en el mejor momento para salvarnos.
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