Escucho el corazón en mi pecho, está latiendo y, aunque no lo veo, sé que existe y que me bombea sangre a todo mi cuerpo vivo.
A Dios lo oigo, lo escucho, entonces sé que existe y que da la Vida a todo mi ser.
Dos cosas hacen falta para llegar a la perfección y a la íntima unión con Dios: tiempo y paz.
Un alma cuya mirada interior, afectuosa y humilde, está siempre fija en Dios, obtiene de Él cuanto quiere.
Entre un alma recogida, desligada de todo, y Dios, no hay nada. La unión se realiza por sí misma. Es inmediata.
El tiempo pasa; siempre se ama a Dios demasiado poco y muy tarde.
Por un desorden, consecuencia del pecado original, cada facultad, dice Santo Tomás, busca su bien propio sin ocuparse del bien común, aunque el conjunto haya de perecer. Sucede entonces como cuando hay que domar a una manada de fieras. Que no se consigue sino con el látigo y sin perderlas de vista. Y si uno carece de dominio sobre sí mismo, sobre todo al principio, aquello es una jaula de fieras. No bajéis a ella so pretexto de dominarlas a latigazos. No lo lograríais. Cerrad la trampa y subid hacia Dios. ¿Cómo lograrlo? Es un secreto, pero el Espíritu Santo os lo enseñará.
Además, que el Enemigo merodea siempre alrededor de las almas. Y aquellas que se le escaparon y se esfuerzan en servir a Dios le son particularmente odiosas. Para turbarlas lo intenta todo.
Un punto sobre el que hemos de insistir es la educación de la imaginación.
La imaginación es la zona en que confluyen las facultades superiores y las inferiores. Adueñarse de ella tiene así la mayor importancia. Pero no se consigue fácilmente… Paciencia, pues, y tiempo al tiempo.
Del libro “La vida oculta en Dios” de Robert de Langeac
Estás llamado a ser transfigurado como lo fue Cristo en el Tabor. Para ello: Tienes que subir al monte que te acerca al cielo es decir, subir por la Oración que acerca a Dios
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