El hogar de Jesús

superguayAsómate a esta casa y observa:  María cocina, el Niño juega, Ella lo coge en sus brazos.  José está en el taller.

¿Quieres ser como un hermano que come, cena y tiene una cama en este hogar?  Para ello tienes que conseguir y mantener el corazón puro con el pensamiento, que es la puerta de entrada de todas las impurezas: odios, miedos, envidias, pensamientos sobre el yo, yo por encima de todos, yo siempre…

 Si el pensamiento se dominó y no se consiente el mal, la mirada será limpia porque verá a Dios en todo y en todos, se reflejará en su pupila a Dios ¿cabe mayor limpieza? El rostro encendido de alegría y amor, el fuego del alma enciende el rostro, la expresión es reflejo de lo de dentro.
¡Féliz estancia en la casa de Nazareth!
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Latidos

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Ante la oscuridad, oremos

 

scale Accidente de tren en Santiago de Compostela

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Ven Espíritu de verdad

goNewOne 001«Se lo revelas a los pequeños”

Meditación del Evangelio de hoy  según San Mateo 11,25-27 por Guillermo de San Thierry (c. 1085-1148), monje benedictino: «El espejo de la fe».

Oh alma fiel, cuando tu fe se vea rodeada de incertidumbre y tu débil razón no comprenda los misterios demasiado elevados, di sin miedo, no por deseo de oponerte, sino por anhelo de profundizar (como María): “¿Cómo será eso?” (Lc 1,34). Que tu pregunta se convierta en oración, que sea amor, piedad, deseo humilde. Que tu pregunta no pretenda escrutar con suficiencia la majestad divina, sino que busque la salvación en aquellos mismos medios de salvación que Dios nos ha dado.

Pues nadie conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está en él; y, del mismo modo, lo intimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios (1Co 2,11). Apresúrate, pues, a participar del Espíritu Santo: cuando se le invoca, ya está presente; es más, si no hubiera estado presente no se le habría podido invocar. Cuando se le llama, viene, y llega con la abundancia de las bendiciones divinas. Él es aquella impetuosa corriente que alegra la ciudad de Dios (Sal. 45,5). Si al venir te encuentra humilde, sin inquietud, lleno de temor ante la palabra divina, se posará sobre ti (Lc 1,35) y te revelará lo que Dios esconde a los sabios y entendidos de este mundo. Y, poco a poco, se irán esclareciendo ante tus ojos todos aquellos misterios que la Sabiduría (1Co 1,24) reveló a sus discípulos cuando convivía con ellos en el mundo, pero que ellos no pudieron comprender antes de la venida del Espíritu de verdad, que debía llevarlos hasta la verdad plena. (Jn 16,12-13).

 

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Buen samaritano

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El buen samaritano

Comentario sobre el evangelio de S. Lucas, 10,25-37  de San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia:

“Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó.” (Lc 10,30) Jericó es un símbolo de nuestro mundo donde, después de haber sido expulsado del paraíso, de la Jerusalén celestial, Adán descendió… No es el cambio de lugar sino de conducta lo que originó su exilio. ¡Qué cambio! Aquel Adán que gozaba de felicidad sin inquietud, tan pronto como descendió a los pecados del mundo, encontró a los ladrones… ¿Quiénes son estos ladrones sino los ángeles de la noche y de las tinieblas que se disfrazan a veces de ángeles de luz (2 Cor 11,14)?… Empiezan por despojarnos de los vestidos de la gracia espiritual que habíamos recibido y así nos hieren. Si guardamos intactos los vestidos que hemos recibido, los golpes de los ladrones no podrán herirnos. Guárdate, pues, de dejarte despojar, como Adán, privado de la protección del mandamiento de Dios y desnudo del vestido de la fe. Por ello le alcanzó la herida mortal que hubiera hecho caer a todo el género humano, si el Samaritano no hubiese descendido a curar sus heridas.

No es un cualquiera este Samaritano. Aquel que fue despreciado por el levita y por el sacerdote, no fue despreciado por el Samaritano que descendía. “Nadie ha subido al cielo a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre.” (Jn 3,13) Viendo medio muerto a este hombre, que nadie antes de él lo había podido curar, se acerca, es decir: aceptando sufrir con nosotros, se hizo nuestro prójimo y apiadándose de nosotros se hizo nuestro vecino.

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