¡Estamos contigo!

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Querido maestro, ayer  me diste una nueva lección llena de sabiduría, la del desprendimiento, la de no estar atados a nada ni a nadie, sólo a Dios. Ayer, querido papa como otros días, transmites la paz de la Iglesia de Cristo porque esta barca, en la que viajo al corazón de Dios, no naufragará jamás. Sé que Él ya tiene preparadoell nuevo guía y por eso sólo puedo decir: «Gracias Dios por cuidar de nosotros».

 

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Preséntate a Dios

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Hoy es un día perfecto para que te presentes ante el Señor.  Hoy celebramos y conmemoramos que Jesús es presentado en el templo a Dios. Dios se humilla en un niño y se presenta a si mismo para mostrarnos el camino. En el templo está Dios de forma tangible esperándote para cambiar tu vida. Encontrarnos con Cristo en la Eucaristía y vivir en comunión con Él nos transformará y cambiará nustra carne mortal en incorruptible.

Hoy Jesús está en el centro,  lo rodean tres personas modelos de fe:

– María, la madre, la del SI más grande, necesario, completo y revolucionario de la historia de la humanidad.

 José, el hombre que Dios escogió entre todos para que lo cuidara y protegiera en la gran aventura de la encarnación. El hombre de fe que cree en Dios y no en lo que sus sentidos perciben. Acepta a María, emigra…

– Simeón, el hombre de fe, el hombre que espera muchos años porque cree en la promesa hecha por  Dios de que algún día sus ojos verían al Mesías. El hombre lleno de Espíritu Santo, que es dócil a Él. Su fe es muy fuerte por eso reconoce al Mesías en un niño pequeño. Su encuentro pasa a la historia cristiana y su plegaria se recita a lo largo de todos los siglos:

“Ahora, Señor, según tu promesa
puedes dejar a tu siervo irse en paz:
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los
pueblos: luz para alumbrar a las
naciones y gloria a tu pueblo de Israel”

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Luz

luz“Ser luz del mundo” (Mt 5,14)

    Es posible que no sea capaz de fijar mi atención totalmente en Dios durante mi trabajo. Dios no me lo pide de ninguna manera. Con todo, yo puedo desear plenamente y procurar cumplir mi trabajo con Jesús y por Jesús. Hermosa tarea. Ésta es la que Dios quiere. Quiere que nuestra voluntad y nuestro deseo se dirijan a él, a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestros hermanos y a los pobres.

    Cada uno de nosotros somos un instrumento pobre. Si observas la composición de un aparato eléctrico, encontrarás un ensamblaje de hilos grandes y pequeños, nuevos y gastados, caros y baratos. Si la corriente eléctrica no pasa a través de todo ello, no habrá luz. Estos hilos somos tú y yo. Dios es la corriente. Tenemos poder para dejar pasar la corriente a través de nosotros, dejarnos utilizar por Dios, dejar que se produzca luz en el mundo… o bien rehusar ser instrumentos y dejar que las tinieblas se extiendan.

Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
No hay amor más grande, cap. 67

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El pecado contra el Espíritu Santo

imagesguayEl pecado contra el Espíritu Santo

    ¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable? ¿En qué sentido hay que entender esta blasfemia? Santo Tomás de Aquino responde que se trata de un pecado “irremisible por su misma naturaleza porque excluye los elementos gracias a los cuales se concede la remisión de los pecados”. Según tal exégesis, esta blasfemia no consiste, propiamente, en decir palabras ofensivas contra el Espíritu Santo, sino que consiste en no querer recibir la salvación que Dios ofrece al hombre a través del Espíritu Santo que actúa en virtud del sacrificio de la cruz. Si el hombre rechaza la “manifestación del pecado” que viene del Espíritu Santo (Jn 16,8) y que tiene un carácter salvífico, rechaza, al mismo tiempo, la “venida” del Paráclito (Jn 16,7), “venida” que tiene lugar en el misterio de Pascua, en unión con el poder redentor de la Sangre de Cristo, Sangre que “purifica la conciencia de las obras muertas” (Heb 9,14).

    Sabemos que el fruto de una tal purificación es la remisión de los pecados. En consecuencia, quien rechaza al Espíritu y la Sangre (cf 1Jn 5,8) permanece en las “obras muertas”, en el pecado. Y la blasfemia contra el Espíritu Santo consiste, precisamente, en el rechazo radical de esta remisión de la cual él es el dispensador íntimo, y que presupone la verdadera conversión que él opera en la conciencia. Si Jesús dice que el pecado contra el Espíritu Santo no puede ser perdonado ni en este mundo ni en el otro es porque esta “no-remisión” está ligada, como a su causa, a la “no-penitencia”, es decir, al rechazo radical de convertirse…

La blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre que presume y reivindica el “derecho” a perseverar en el mal –en el pecado, cualquiera que sea su forma- y por ahí mismo rechaza la Redención. El hombre permanece encerrado en el pecado, haciendo, pues, por su parte, imposible la conversión y, por consiguiente, también la remisión de los pecados, la cual él no juzga esencial ni importante para su vida. En este caso, hay una situación de ruina espiritual, porque la blasfemia contra el Espíritu Santo no permite al hombre salir de la cárcel en la cual él mismo se ha encerrado.

Beato Juan Pablo II (1920-2005), papa
Encíclica “Dominum et vivificantem”, § 46 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)

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Bodas de Caná

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Las Bodas de Caná: Jesús transforma el agua en vino. Él permite que su Gloria sea vista, y sus discípulos creen en Él (Juan 2:11). Por lo que nuevamente tenemos una manifestación del corazón de Dios.

Fíjense en la escena, ¡una fiesta de bodas! ¿Por qué se la elige? Porque los profetas ya habían anticipado la transformación final de nuestras vidas, como una boda, una unión con Dios. “Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia” (Oseas 2:21). Al Final de los Tiempos, en el Amor Radiante de Dios – ahí para nosotros, para siempre – brillaremos como la aurora. Seremos llamados/as “La Delicia de Dios”, y nuestra tierra será llamada “Desposada”, porque el Señor se complacerá en nosotras/os (Isaías 62:1-5). Por lo tando, mientras miramos a Jesús, y lo contemplamos en las Bodas de Caná, podemos reflexionar en todas las promesas que su Radiante Presencia nos ofrece. Como sus discípulos, podemos rogar por la Gracia de creer en Él, y de confiar totalmente en Él, quien es Luz.

Texto de Espacio Sagrado

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