La Anunciación es uno de los momentos más importantes de la historia de la humanidad. ¿Cuántos libros de historia recogen este acontecimiento? ¿Qué clase de historia escribimos si no damos con los acontecimientos más importantes? ¿Seguimos todavía en la oscuridad de la caída del paraíso?
María de Jesús
María es una mujer tan hermosa que el Señor la eligió como su reina y lo fue, en perfección, hasta el final de sus días en la tierra y lo es ahora en la gloria de Dios. Ella siempre reinó sobre el mal pisando la cabeza de todas las tentaciones con la fuerza de Dios. Ejemplo para todos fue pionera de la raza humana en el descubrimiento de la Vida en su Hijo y así nos lo muestra a lo largo de nuestra historia.
María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti.
Ayer como hoy
Este oráculo de Isaías, leído en la eucaristía de hoy, fue pronunciado cuando la alianza con Egipto había fracasado, cuando los líderes religiosos se habían corrompido y el poder público no daba ninguna muestra de alivio, el profeta le recuerda al pueblo que Dios es su victoria:
Aquel día los sordos oirán las palabras de un libro;
los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni oscuridad;
los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor
y los pobres se gozarán en el Santo de Israel;
porque ya no habrá opresores
y los altaneros habrán sido exterminados.
Serán aniquilados los que traman iniquidades,
los que con sus palabras echan la culpa a los demás,
los que tratan de enredar a los jueces
y sin razón alguna hunden al justo».
Escuchad lo que os digo

Ante todo hay que dedicar tiempo a la contemplación y al silencio, sobre todo si vivimos en las grandes ciudades como Londres y Nueva York, donde todo es agitación. Por esto he decidido abrir nuestra primera casa de hermanas contemplativas, cuya vocación es orar durante la mayor parte del día, en Nueva York y no en el Himalaya, porque sentía que en las grandes urbes hay más necesidad de silencio y de contemplación.
Yo comienzo la oración siempre por el silencio. Pues es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio y debemos escucharle porque lo que cuenta no son nuestras palabras sino lo que él dice, y lo que dice a través de nosotros. La oración nutre el alma: lo que la sangre es para el cuerpo, es la oración para el alma. Nos acerca a Dios, purifica y limpia nuestro corazón. Una vez purificado el corazón podemos ver a Dios, hablarle y descubrir su amor en la persona de cada uno de nuestros hermanos humanos. Si vuestro corazón está puro, vosotros seréis transparentes en la presencia de Dios, no disimularéis nada, y entonces le ofreceréis libremente lo que él espera de vosotros.
Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad. Camino de sencillez, cap. 7.
Viene a ti
Escuchaste la voz del Verbo, la Palabra de Dios… Levántate, y por la oración prepara el fondo de tu alma. Desde abajo tiende hacia las alturas, esfuérzate por abrir la puerta de tu corazón. Cuando extiendas las manos hacia Cristo, tus acciones exhalarán el perfume de la fe…
Cristo te ha deseado y te ha escogido. El entra en tí sin obstáculo, no puede fallar, el que prometió que entraría. ¡Abraza al que has buscado! (Cant 3,4). ¡Acércate a él y te iluminará! (Sal 33,6) ¡Retenlo, pídele que no te abandone tan presto, suplícale que no se aleje! En efecto, la palabra de Dios corre rápidamente (Si 43,5), no se deja atrapar por la indolencia ni retener por la pereza. Que tu alma, tan pronto la llame, salga a su encuentro y persevere en el camino trazado por la palabra celestial, porque pasa rápidamente…
No pienses, que si se fue tan rápido, es porque le desagradaste llamándolo, implorándole, abriéndole: a menudo permite que seamos probados. Cuando la muchedumbre le rogaba que no se marchara, ¿qué dice Él en el Evangelio? “Hace falta que anuncie la palabra de Dios en otras ciudades, porque para esto he sido enviado » (Lc 4,43). Entonces, aunque parezca que se haya ido, sigue buscando (cf Ct 5,6)… El que busca así a Cristo, el que lo implora de este modo, nunca es abandonado por él; al contrario, viene a visitarlo a menudo, porque está con nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28,20).
De San Ambrosio (c.340-397), obispo de Milán y maestro de San Agustín, doctor de la Iglesia, Padre de la Iglesia Latina.










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