Prepararnos para recibir a Cristo

María Mece

¿Cómo preparamos nuestros corazones para Tí, Jesús? ¿Estaremos preparados cuando aparezcas en el pesebre? ¿O nuestros corazones y mentes estarán tan ocupadas en nuestras preocupaciones diarias, que no estaremos preparados para recibir la esperanza y la gracia eternas?

¿Te reconoceremos? ¿O estaremos buscando un salvador hecho a nuestra medida? ¿Uno que será poderoso, que podrá gobernar el mundo por la fuerza, si es necesario? ¿estaremos demasiado preocupados por las cobranzas de las tarjetas de crédito, el desorden dejado por la fiesta familiar, mi aumento de peso, y todas las cosas que queremos comprar y hacer el próximo año?

¿Recorreremos una jornada a través de distintos paisajes y climas, sólo para entrever tu rostro? O, si es muy difícil llegar al pesebre, ¿volveremos a ver televisión una vez más, probar unos bocadillos, colocarnos ropa cómoda y dejarnos llevar por todo tipo de fantasías?

¿Cómo podremos preparar nuestros corazones para recibir al Cristo Niño?

Vinita Hampton

 

 

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El cielo de Belén

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Tengo mi cielo escondido en un pesebre. Mirada divina, sonrisa inefable, corazón tan humano de Dios que hablas a solas y en secreto. ¡Oh noche deseada por los siglos! Noche iluminada con la dulzura de la presencia del Verbo hecho Niño para el mundo. Prodigio inefable el de tu misericordia, que te mueve a venir a mí para transformarme en Ti. Noche luminosa y clara que revela en la pobre carne de un Niño las delicias de la Trinidad. En Ti, Jesús, dulce amor de María y de José, encuentro el cielo de mi alma.

Es mi cielo encontrarme con la mirada de mi Dios, sintiendo la suave intimidad de dos corazones unidos por la pequeñez y la pobreza. Es mi cielo esa sonrisa de infante que me invita a esperar en la fe oscura, a abandonarme en El con corazón de hijo, a sentirme amado y envuelto a raudales en la misericordia divina de cada instante de mi vida. Es mi cielo vivir para este Dios que amo y adoro cuando El quiere esconderse en la pobreza de mi carne pecadora. Es mi cielo callar agradecido ante un Dios que así se abaja y humilla por amor a mi nada. ¡Oh, Señor, Humildad enamorada de mi pobreza, que sepa ver torrentes de tu luz en la noche profunda de mi alma! Revísteme de tus armas para que a tus pies, en Belén, emprenda yo una carrera de gigante por el camino de la caridad. Mi cielo has de ser sólo Tú, Señor, mi Verbo humanado, que te encarnas en la tierra de mi vida, descansas en el pesebre de mi alma y te ocultas abajado entre las pajas de mi nada. Que viéndote Niño en mí, aprenda yo a adorarte en cada alma que pones a mi lado, en el camino de cada día. Que en cada hijo de la Iglesia sepa descubrir tu rostro de Niño eterno naciendo día a día entre las pajas de su vida. Que en ellos mire yo tus mismos ojos, aquellos con los que un día me enamoraste y hablaste en el alma.

Encuentro mi cielo en el corazón de la Virgen Madre, allí donde Dios guarda y contempla todos sus secretos. Corazón virginal de Madre que deshojas en adoración ante tu Verbo humanado pétalos de humildad, vacío y pequeñez. Tu regazo materno fue el cielo de Jesús durante su vida en la tierra. Tú eres también dulzura y alivio de cielo en mis noches de Belén, cuando mi Dios duerme, se esconde y calla en la desnudez de la fe. Humildad de un Dios enamorado de la debilidad y de la nada. Haz que sepa yo encontrar mi cielo adorándote en mi noche de Belén. Pobreza y vacío han de hacerme cada vez más hijo, más niño, como este Niño de Belén.

Abre, pues, tu corazón a este Verbo entrañable para que Él nazca en Ti y tú mores en El como en tu pesebre. Déjale a El hacer de ti un cielo de Belén y un pesebre materno para tantas almas huérfanas que buscan a Dios en la noche fría y solitaria de su alma. Déjale hacer en tu alma su cielo, santuario de intimidad con el Espíritu Santo latiendo al unísono con el alma de María. Ella también adora y ama en Ti a este Verbo eterno y silencioso hecho carne en Belén, que fecunda y consagra el seno materno de las vírgenes.

¡Oh fuente inagotable de amor! ¿Qué buscas en mí a cambio de tanta gracia? Todo es tuyo, Señor, todo cuanto soy y todo aquello con que te sirvo; y, sin embargo, más me sirves Tú a mi que yo a Ti. Que sea siempre ese mi único deseo: dejar que Tu, Señor, vayas haciendo de mi vida un cielo y sea yo un regazo materno, un pesebre de tu amor y tu consuelo para el mundo.

Juan Pedro Ortuño, El silencio del pesebre

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Adviento

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El misterio de la Navidad

Hace algunos años que, durante el Adviento,  me atrae notablemente lo concreto de la historia de la Navidad, tan normal, tan tangible: La incómoda situación del último mes del embarazo, la necesidad de encontrar un lugar protegido y un descanso, paja, madera, pañales, el olor de los animales del establo, el llanto del recién nacido.

Pero, este año, es el remolino del misterio que se presenta sobre y a lo largo de la narrativa, el que captura mi imaginación. En una homilía del Adviento, el sacerdote citó a un teólogo que dijo que el pensar sobre Dios es como tratar de dibujar un ave durante su vuelo.

“O terminas con detalles de sus alas fijas en una posición, con sus plumas, ojos y garras congeladas, lo que permite el examen del dibujo,” decía el teólogo, “o terminas con un borrón que oculta todo el detalle; pero captura la velocidad y el movimiento.”

Y agregaba: “Somos todos teólogos, y todos visualizamos distintos conceptos de Dios, unos en detalle y otros en movimiento. ¿Escogimos una imagen sobre otra, o elegimos a las dos con sus diferencias?”

A veces visualizo la imagen del “ave”, cuando pienso en Dios como un punto lejano, volando en lo alto del cielo. Otras veces lo veo fuera de mi ventana, lo que me permite apreciar el detalle y color de sus plumas, antes que vuele lejos.

Jennifer Grant

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Santidad

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La santidad está en la respuesta que damos a Dios. Todos somos llamados, pero no todos respondemos e incluso la respuesta puede tener condicionantes.

¿Quieres ser santo? Ama y di un sí rotundo y total a Dios. A partir de ahí camina con Él y hacia Él.

Mira en el fondo de tu alma, después de despejar el camino hasta ese lugar, encontrarás la Paz y así podrás ser paz para otros. Comienza por ser puro de corazón, no ames nada que Jesús no amaría. Sé libre, rompe las ataduras que te impiden caminar: prejuicios, miedos, mentiras, apegos…Santifícate con la Eucaristía y la oración así conseguirás obedecer sólo al Señor, entonces serás sabio y sabrás que el servicio es fuente de felicidad, ahí comienza tu santidad.

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El Papa a los pies de la Inmaculada: «No somos huérfanos; ¡protege a nuestras familias, a Roma y al mundo entero!»

Avatar de Julio J.La voz de la Iglesia

Spagna La imagen de la Inmaculada de Plaza España recibe el día 8 de agosto los ramos y regalos de los fieles. El Papa Francisco se ha acercado a rezar a los pies de la Virgen por la ciudad de Roma, tradición que los pontífices vienen cumpliendo desde 1958.

Como ya es tradición en la capital Italiana, el Obispo de Roma llevó una ofrenda floral a la estatua de la Inmaculada Concepción de la Plaza de España, en el centro de la ciudad. Cientos de personas esperaban en las calles adyacentes, o en las ventanas de los edificios cercanos, para poder ver y saludar al Papa en este soleado, pero frío lunes. Antes de llegar a su cita, Francisco fue a la Basílica papal de Santa María la Mayor para rezar en su día, a la Salus Populi Romani. Escuchemos la oración que el Papa ha escrito para la Virgen.

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