Inhabitación

 

Guarda el silencio del amor y contemplación de este misterio tan grande que es la presencia de la Santísima Trinidad en ti. Déjate llevar por el Espíritu ( Juan 3 :8) a lugares y momentos que no te puedes ni imaginar. Acoge con devoción por donde te conduce, porque es salvación para ti.  No tropezarás con tal guía de tu vida porque Él es la sabiduría, saborear la vida en plenitud. Déjate inundar de su alegría vital y sé como el surtidor que inunda a todos los que le rodean. Avanza hacia Mí en tu interior. Abrázate a Mí y reniega siempre del mal. Si vives así tienes garantizada la vida eterna en salvación.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros.

Inhabitación

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Fiesta de la Misericordia

 

De  la Encíclica de Juan Pablo II, en noviembre de 1980,  sobre la Misericordia de Dios: Dives in misericordia:

 En ningún momento y en ningún período histórico —especialmente en una época tan crítica como la nuestra—la Iglesia puede olvidar la oración que es un grito a la misericordia de Dios ante las múltiples formas de mal que pesan sobre la humanidad y la amenazan. Precisamente éste es el fundamental derecho-deber de la Iglesia en Jesucristo: es el derecho-deber de la Iglesia para con Dios y para con los hombres. La conciencia humana, cuanto más pierde el sentido del significado mismo de la palabra « misericordia », sucumbiendo a la secularización; cuanto más se distancia del misterio de la misericordia alejándose de Dios, tanto más la Iglesia tiene el derecho y el deber de recurrir al Dios de la misericordia « con poderosos clamores ».135 Estos poderosos clamores deben estar presentes en la Iglesia de nuestros tiempos, dirigidos a Dios, para implorar su misericordia, cuya manifestación ella profesa y proclama en cuanto realizada en Jesús crucificado y resucitado, esto es, en el misterio pascual. Es este misterio el que lleva en sí la más completa revelación de la misericordia, es decir, del amor que es más fuerte que la muerte, más fuerte que el pecado y que todo mal, del amor que eleva al hombre de las caídas graves y lo libera de las más grandes amenazas.

Para leer la encíclica completa haz clic en el siguiente enlace: Dives in Misericordia

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Emaús

 

 San Lucas 24,13-35.

Los discípulos de Emaús no reconocen a Jesús hasta que les parte el pan y eso es porque en la Eucaristía recibimos muchas gracias especiales que nos  sanan de toda ceguera espiritual. Al andar el camino Jesús va con los dos discípulos, pero ellos no lo reconocen. Esto nos suele pasar también a nosotros en nuestro día a día, no reconocemos al Maestro a nuestro lado, caminando con nosotros. Estemos atentos y conscientes porque Él va en nuestra senda; el viaje de la vida cambia mucho si sabemos que siempre nos acompaña el Hombre más poderoso.

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Homilía de Monseñor Reig en Viernes Santo

No conozco a Monseñor Reig, pero en estos días la cantidad de críticas que aparecieron en casi todos los medios sobre su homía de Viernes Santo, retransmitida por TVE, despertó mi interés por él. Por eso busqué y escuché la homilía de Viernes Santo   y creo que las personas que lo juzgan no fueron al origen, ya que de sus palabras no se desprende nada que no se sea doctrina de la Iglesia y, por lo tanto, ya conocida por sus detractores.

A continuación dejo algunas notas que tomé de su homilía:

La Iglesia es Jesús viviendo en medio de nosotros. La ignorancia es el mayor enemigo de la Iglesia. El Viernes Santo nos deja tres lecciones:

1ª Malicia del pecado. Esta llevó a Jesucristo a la cruz. La malicia es porque es un engaño, somos tentados y el mal aparenta bien. Además nos destruye y es una ingratitud ante el Amor más hermoso. A continuación Monseñor explica con ejemplos distintos pecados de nuestros días, entre otros destaco: 

  • Mujer embarazada y muy preocupada, es seducida y tentada para abortar. Si lo hace ha destruido la vida de su hijo y la suya.
  • Empresarios que no pagan el salario justo o trabajadores que cogen bienes de la empresa. El primero destruye con una injusticia, el segundo con robo.
  • Robos en grandes almacenes, son tentados para coger algo que engaña . Cuando llegan a casa ven la nada de lo que robaron.
  • Jóvenes con botellas de alcohol que piensan que los va a llevar al paraíso. El domingo por la mañana parecen cadáveres ambulantes. Algunos dicen: «¿Qué mal hago? en tal caso solo me daño a mí». Les contesto: Destruyes a su familia que sufre y además eres hijo de Dios, vales la sangre de Jesús y eres injusto con Él.
  • Sacerdotes con doble vida, se corrompen y dañan a la Iglesia.

El pecado no acaba nunca en nosotros mismos. Más grande que la malicia del pecado es la gracia regeneradora de Jesús. Él cargó con nuestros pecados.

No se puede corromper a las personas ni siquiera con mensajes falsos, como puede ser una mala orientación de la sexualidad; niños que piensan en una posible atracción a su propio sexo y para comprobarlo se corrompen, se prostituyen o van a clubs nocturnos y encuentran el infierno. Niños abusados en sus propias familias. Dios no es indiferente a estos sufrimientos.

2ª Grandeza del Amor de Dios. Si grande y destructor es el pecado, más grande es el Amor de Dios y el mal no llegará más allá del límite que Dios le puso: la Misericordia. Amor incondicional.

3ª Sentido del sufrimiento. Jesús ha resuelto este tema tan importante: Mató a la muerte en la cruz. La cruz es camino de salvación, nos hace mirar el sufrimiento de frente y darle un valor salvífico. Le damos sentido asociándolo al sufrimiento de Jesús en la cruz por la salvación de todos. Sabemos que la última palabra no la tiene el sufrimiento de las heridas del pecado. A nuestra cruz, asociada a la de Cristo, podemos darle la vuelta.

Al margen del Amor de Dios no se puede vivir.

Para escuchar la homilía haz clic en el siguiente link: Triduo Pascual 

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Mi esperanza

 «Resucitó Cristo, mi esperanza» Fragmentos de las homilías del Papa en esta Pascua.

María Magdalena, como los otros discípulos, han tenido que ver a Jesús rechazado por los jefes del pueblo, capturado, flagelado, condenado a muerte y crucificado. Debe haber sido insoportable ver la Bondad en persona sometida a la maldad humana, la Verdad escarnecida por la mentira, la Misericordia injuriada por la venganza. Con la muerte de Jesús, parecía fracasar la esperanza de cuantos confiaron en Él. Pero aquella fe nunca dejó de faltar completamente: sobre todo en el corazón de la Virgen María, la madre de Jesús, la llama quedó encendida con viveza también en la oscuridad de la noche. En este mundo, la esperanza no puede dejar de hacer cuentas con la dureza del mal. No es solamente el muro de la muerte lo que la obstaculiza, sino más aún las puntas aguzadas de la envidia y el orgullo, de la mentira y de la violencia. Jesús ha pasado por esta trama mortal, para abrirnos el paso hacia el reino de la vida. Hubo un momento en el que Jesús aparecía derrotado: las tinieblas habían invadido la tierra, el silencio de Dios era total, la esperanza una palabra que ya parecía vana.

Y he aquí que, al alba del día después del sábado, se encuentra el sepulcro vacío. Después, Jesús se manifiesta a la Magdalena, a las otras mujeres, a los discípulos. La fe renace más viva y más fuerte que nunca, ya invencible, porque fundada en una experiencia decisiva: «Lucharon vida y muerte / en singular batalla, / y, muerto el que es Vida, triunfante se levanta». Las señales de la resurrección testimonian la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la misericordia sobre la venganza: «Mi Señor glorioso, / la tumba abandonada, / los ángeles testigos, / sudarios y mortaja».

Queridos hermanos y hermanas: si Jesús ha resucitado, entonces – y sólo entonces – ha ocurrido algo realmente nuevo, que cambia la condición del hombre y del mundo. Entonces Él, Jesús, es alguien del que podemos fiarnos de modo absoluto, y no solamente confiar en su mensaje, sino precisamente en Él, porque el resucitado no pertenece al pasado, sino que está presente hoy, vivo. Cristo es esperanza y consuelo de modo particular para las comunidades cristianas que más pruebas padecen a causa de la fe, por discriminaciones y persecuciones. Y está presente como fuerza de esperanza a través de su Iglesia, cercano a cada situación humana de sufrimiento e injusticia.

Homilías completas: Vigilia de Pascua y Domingo de Resurrección

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