DIOS

"Dios no se cansa. Yo no soy Dios porque me canso". Lo dijo un bailarín ruso ante la pregunta ¿crees en Dios?
 
Déjate hacer por Dios. Vive en la confianza y acoge lo imprevisto.
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LOURDES

Hoy es fiesta grande en Lourdes. Si no crees en Dios, si eres agnóstico o tienes dudas de fe, te recomiendo acercarte a este Santuario y a su historia. En este lugar las leyes de la naturaleza dejaron de existir en muchas ocasiones y fueron sustituidas por las leyes del Amor. En este lugar puedes meter los dedos en las llagas de Cristo, como hizo Tomás, para poder creer.
 
Gracias Bernadette por ser como eres, por tu vida, tu testimonio y por tu sí a Dios.
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La vejez

Hoy escuché de labios de una amiga: La vejez es fea.
Esto me hizo pensar:
a) Lo feo o bonito es relativo y también cuestión de modas.
b) La vida es una aventura continua. Esta aventura la podemos vivir con la sorpresa de un niño ante las novedades o con el cansancio de un viaje muy largo.
c) Cada etapa de la vida tiene una gran riqueza. Según caminamos en el tiempo ¿qué equipaje vamos llevando? Con este equipaje llegamos a viejos y entonces veremos si es hermoso lo que tenemos o es feo. El equipaje de nuestra vida puede ser de una riqueza inmensa o de una pobreza espantosa.
d) Además, llegar a viejo significa no haber muerto joven.
e) Para alcanzar la sabiduría (saber saborear la vida) necesitamos aprender mucho. Sólo los años nos permiten alcanzarla.
f) ¿De que vejez hablamos, de la del espíritu,  la del cuerpo o del ser humano completo?
Cuando el espíritu madura en nuestro interior, el soporte del espíritu ( nuestro cuerpo) no puede aguantar tanto peso de experiencias, sabiduría, amor…y se derrumba poco a poco hasta romperse y darnos la libertad.
 
REALMENTE, LA VEJEZ ES HERMOSA
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El gran silencio

Ayer fui a ver esta película. Y mientras en mi mente se hacia el silencio, mi corazón se despojaba de todo lo que sobra para hacerle sitio a Él.
 
La quietud de quien contempla a Dios se refleja en la pantalla.
 
Cuando salí, sumergida en el silencio, sentí la agresividad de los ruidos exteriores con mucha fuerza. Había una música estridente que se mezclaba con los ruidos de las máquinas de jugar, las voces de los que hablaban muy alto para poder ser escuchados, los ruidos de las propapagandas de los distintos establecimientos del Centro Comercial, el olor a palomitas mezclado con tapas de tortilla…los sentidos comenzaron a protestar como nunca, ya que durante 3 horas habían estado percibiendo la paz para la que fueron creados.
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Agua de opresión

Texto de Juan de los Rios ( Escuela de Oración)
 
Aguas de opresión

Me encontré con la envidia en el desierto;
entonces le dije:
Te ruego que me des de beber un poco de agua de tu cántaro.
Cuando la tomé comencé a desear
los bienes y talentos de mi prójimo.
No podía contener el deseo intenso
por los bienes de mi prójimo.
Me preguntaba constantemente
por qué ellos tienen lo que yo tanto deseo.
Me sentía totalmente incapaz de realizar los sueños
de mi corazón.
Mientras más deseaba los bienes de mi prójimo,
más incapaz me sentía.

Me encontré con la soberbia, el orgullo y la arrogancia
en el desierto; entonces les dije:
Les ruego que me den de beber un poco de agua de sus cántaros.
Cuando tomé agua de sus cántaros
comenzó a inflarse mi corazón.
Fluyó de mis entrañas un sentimiento
que me hizo sentir grande y superior.
Me sentía un dios:
Tenía el sentimiento de que todo me era posible.
Sentía que no tenía límites.
No tenía límites para el éxito,
no tenía límites para el sexo,
no tenía límites para el amor.
Me sentía superior a mi prójimo.
Me sentía el centro de todas las cosas.
Comencé a anhelar la admiración de mi prójimo.
¿Qué pensarán los demás sobre mí?, me preguntaba una y otra vez.
Y pronto se convirtieron mis anhelos
en exigencias de ser adorado.
Mi mirada altiva transformaba a mi prójimo
en seres inferiores a mí.
Para ocultar mi miseria humana
exageraba todos mis talentos y mis logros.
Acaso no soy un ser grandioso, pensaba.
El agua fluía de mi corazón
y llenaba a toda mi alma de fantasía de superioridad.

Me encontré con la mentira en el desierto;
entonces le dije:
Te ruego que me des de beber un poco de agua de tu cántaro.
Cuando la tomé comencé a temerle a la verdad.
La verdad me llenaba de angustias y de temores.
No la podía soportar,
ella hacía sudar todo mi cuerpo.
Mientras más agua tomaba,
más odiaba a la verdad.
Mezclaba la verdad con la mentira
para no darme cuenta de ella.
Era la única forma de encontrar tranquilidad.
Sentía anhelos de deformar la realidad.
Disfrutaba deformando la realidad.
A veces la exageraba,
a veces la disminuía.
Lo que más disfrutaba era llamando lo bueno malo,
y lo malo, bueno.

Me encontré con el miedo en el desierto;
entonces le dije:
Te ruego que me des de beber un poco de agua de tu cántaro.
Cuando la tomé, todo a mi alrededor
se transformó en un peligro.
Huía constantemente de la realidad que me rodeaba;
y no sabía por qué.
Recibí la capacidad de transformar
un mosquito en un elefante.
Mis ojos se transformaron en una enorme lupa
que todo lo exageraba.
Trataba de tocar a la realidad que me rodeaba,
pero ella huía de mí para no rozar mis dedos.
Para disminuir mis miedos,
se me ocurrió que podría llegar a controlar mi realidad;
se me ocurrió que podía encerrar al mundo en mi pequeña mente;
pero pronto toda mi idea se convirtió en una ilusión.
Me sentía constantemente agotado de tanto luchar
contra los miedos de mi corazón.
Todo se volvió lento a mi alrededor.
Sentía que me había transformado en una tortuga.

Me encontré con el odio en el desierto;
entonces le dije:
Te ruego que me des de beber un poco de agua de tu cántaro.
Cuando la tomé subieron de mi corazón aguas amargas.
Toda mi conciencia quedó oscurecida.
Perdí el sentido para la belleza.
Todo lo veía oscuro, negro, peligroso…
Perdí la confianza en mi prójimo;
comencé a sentirme perseguido y envidiado.
Todos quieren hacerme daño,
todos tienen malas intenciones conmigo,
todos me odian, todos me rechazan,
nadie me ama tal y como yo soy,
sólo yo pienso en mí, pensaba constantemente.
Todos quieren algo de mí,
el mundo es malo, todos son malos,
pensaba una y otra vez.
No podía controlar mis pensamientos negativos.
Ellos se habían adueñado de mi vida.
Me había convertido en esclavo del odio.

Juan de los Rios

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