Gracias

Señor, me pongo en tus manos, dáme luz para conocer tu voluntad, ayúdame a no desfallecer. Es bueno estar en Ti. Te necesito, Dios mío, Tú eres lo primero y lo último de mi vida, lo eres todo y no quiero perder tu amistad. Tú amor, fuerte y poderoso me llena y calma mis ansias.  Apártame de lo que me separa de Ti y dame todo lo que me acerque a Ti. Día tras día, llena de Ti, alcanzaré tu Gloria; entonces la paz y felicidad absolutas llenarán mi alma. Sé que viviré amándote toda la eternidad y sé que jamás me faltará el Amor que me haga sentirme amada. Gracias por los cuidados, apoyos, consejos,…que me regalas todos los días, pero sobre todo, gracias por tu presencia amorosa y llena de vida fecunda.

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El mejor consejo

Ámame. Ámame como me amó María con todo tu corazón y tu ser. Ámame y entrégate a Mí, verás a Dios.

Un corazón cerrado no escucha. Un corazón cerrado no permite que Dios le diga su voluntad porque Dios sólo habla en el corazón. Es fácil y difícil escucharlo: fácil porque Dios siempre habla y desea hacerlo, difícil porque no se le quiere escuchar. Ama y lo oirás siempre.

El el corazón está todo lo que necesitamos porque en el corazón está Dios.

Enamórame totalmente, Señor, que no quede prisionera de los amores de la tierra.

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Esperanza cristiana

“¿Por qué lloras?” (Jn 20,13)

        Lloran aquellos que no pueden tener la esperanza de la resurrección, no por que Dios lo quiera, sino que lloran a causa de la dureza de su corazón que no les permite creer. Hay una diferencia entre los servidores de Cristo y los paganos. Es ésta: éstos lloran porque piensan que los suyos están muertos para siempre, no tienen consuelo en sus lágrimas, no tienen descanso en su tristeza… Mientras que para nosotros la muerte no es el final de nuestro ser, sino el final de nuestra vida. Ya que nuestro ser se transforma a una condición mejor, entonces, la llegada de la muerte elimina todos nuestros llantos…

Tanto mayor será nuestro consuelo, cuanto la conciencia de nuestras buenas obras nos promete, después de la muerte, una recompensa mayor. Los paganos ya tienen su consuelo, pensando que la muerte será un descanso para todos nuestros males. Y como se ven privados de gozar de la vida, piensan que quedarán liberados de toda posibilidad de sentir el dolor de las interminables y duras penas de esta vida. Pero nosotros, que tenemos que tener el espíritu más elevado, a causa de la esperanza de una recompensa, debemos soportar mejor nuestro dolor, gracias al consuelo que nos espera. Parece que los que han muerto no están lejos de nosotros sino que nos preceden, la muerte no nos los quita, sino que los recibe la eternidad.

San Ambrosio (hacia 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia
sobre la muerte de su hermano

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Morada del Señor

Comentario del Evangelio de hoy según San Lucas 12,49-53,  por  Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul, santo de la Iglesia ortodoxa. Discursos ascéticos, 1ª serie, n°2.

He venido a traer fuego a la tierra

        Hazte violencia (cf Mt 11,12), esfuérzate en imitar la humildad de Cristo, a fin de que se encienda cada vez más el fuego que prendió en ti, este fuego que consume todos los impulsos de este mundo que destruyen al hombre nuevo y que manchan las moradas del Señor santo y poderoso.
Porque yo afirmo con san Pablo que «somos templo de Dios» (2Co 6,16). Purifiquemos pues su templo, «como él mismo es puro» (1Jn 3,3), con el fin de que tenga el deseo de permanecer allí; santifiquemoslo, como él mismo es santo (1P 1,16); adornemoslo de muchas obras buenas y dignas.

Llenemos el templo del descanso de su voluntad, como de un perfume, por la oración pura, la oración del corazón que es imposible adquirir entregándose a los contínuos impulsos de este mundo. Así la nube de su gloria cubrirá tu alma, y la luz de su grandeza brillará en tu corazón (cf 1R 8,10). Todos los que permanezcan en la casa de Dios se llenarán de alegría y se regocijarán. Pero los insolentes y los desleales desaparecerán bajo la llama del Espíritu Santo.

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Dios en nuestro interior

Comentario del Evangelio del día de hoy según San Lucas 11,37-41.  por San Rafael Arnaiz Barón (1911-1938), monje trapense español
Escritos espirituales, 04/03/1938

Purificáis lo exterior, pero Dios está en el interior

        Si el mundo que busca a Dios…, supiera. Si supieran esos sabios que buscan a Dios en la ciencia, y en las eternas discusiones… Si supieran los hombres dónde se encuentra Dios…, cuántas guerras se impedirían…, cuánta paz habría en el mundo, cuántas almas se salvarían.

        Insensatos y necios, que buscáis a Dios donde no está.

        Escuchad, y… asombraos. Dios está en el corazón del hombre… yo lo sé. Pero mirad, Dios vive en el corazón del hombre, cuando este corazón vive desprendido de todo lo que no es El. Cuando este corazón se da cuenta de que Dios llama a sus puertas (Ap 3,20), y barriendo y limpiando todos sus aposentos, se dispone a recibir al Único que llena de veras.

        Qué dulce es vivir así, sólo con Dios dentro del corazón. Qué suavidad tan grande es verse lleno de Dios. Qué fácil debe ser morir así.

        Qué poco cuesta…, mejor dicho, nada cuesta, hacer lo que Él quiere, pues se ama su voluntad, y aun el dolor y el sufrimiento, es paz, pues se sufre por amor.
Sólo Dios llena el alma…, y la llena toda…

        Que vengan los sabios preguntando dónde está Dios. Dios está donde el sabio con la ciencia soberbia no puede llegar…

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