Pentecostés

Espíritu Divino, entra hasta las profundidades de mi alma y enciende en ella el fuego que nunca se apaga. Ven, Señor de la vida, y lléname hasta rebosar.  Entra en mí, Sabiduría de Dios, y hazme santa. Dame el entendimiento para conocer tu voluntad y comprender tu Palabra. Inúndame del don del consejo para que camine por las sendas de la entrega y del amor.  Que tu fuerza esté en mí para superar la timidez y la agresividad. Que me llene de la ciencia que me permite discernir entre el bien y el mal. Planta en mi interior la semilla de la piedad para que todas mis acciones estén dirigidas a mayor Gloria de Dios. Lléname de temor de Dios para que el miedo a no ser grata a Él me lleve a caminar bajo su mirada siempre.

Publicado en Espíritu, Iglesia, Santidad, Vida | Etiquetado , , | 2 comentarios

Pedro y Juan

Escrito de Elredo de Rielvaux (1110-1167) monje cisterciense
La amistad espiritual, III, 115s

Pedro y Juan: la diversidad en la unidad

        Ciertas personas que no tienen capacidad para ser promovidas, deducen de ello que no se les ama; si no encuentran alguien que les implique en sus tareas y sus funciones, se lamentan de que se las deja solas. Sabemos bien que eso es fuente de graves discordias entre gente que pasaban por ser amigos; y para colmo de indignación, esas personas se separan y llegan incluso a maldecirse…
        Que nadie se crea abandonado a su suerte porque no se les ha concedido una determinada promoción. En referencia a esto vemos que el Señor Jesús ha preferido Pedro a Juan. De todas formas, confiriendo la primacía a Pedro, no ha retirado, en absoluto, su afecto a Juan. Ha confiado a Pedro su Iglesia; ha confiado su madre, tiernamente amada, a Juan (Jn 19,27). Ha dado a Pedro las llaves de su reino (Mt 16,19); ha descubierto a Juan los secretos de su corazón (Jn 13,25). Pedro, pues, ocupa un lugar elevado, pero el puesto de Juan es más seguro. Pedro se siente orgulloso de haber recibido el poder. Cuando Jesús dice: «Uno de vosotros me entregará» (Jn 13,21) tiembla y aterroriza juntamente con los otros; Juan, enardecido por estar tan cerca del Señor, instigado por Pedro, le pregunta para saber de quien se trata. Pedro se entrega a la acción; Juan queda puesto aparte para dar testimonio de su amor, según la palabra: «Quiero que quede así hasta que yo vuelva». Nos ha dado ejemplo para que también nosotros hagamos igual.

Publicado en Amor, Apóstoles, Papa | Etiquetado , , | 2 comentarios

Ascensión de Jesús

 

Comentarios del Papa Bemnedicto XVI a la Ascensión del Señor:

La Ascensión de Cristo significa que él ya no pertenece al mundo de la corrupción y de la muerte, que condiciona nuestra vida. Significa que él pertenece completamente a Dios. Él, el Hijo eterno, ha conducido nuestro ser humano a la presencia de Dios, ha llevado consigo la carne y la sangre en una forma transfigurada.

El hombre encuentra espacio en Dios; el ser humano ha sido introducido por Cristo en la vida misma de Dios. Y puesto que Dios abarca y sostiene todo el cosmos, la Ascensión del Señor significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias a su estar con el Padre, está cerca de cada uno de nosotros, para siempre. Cada uno de nosotros puede tratarlo de tú; cada uno puede llamarlo. El Señor está siempre atento a nuestra voz. Nosotros podemos alejarnos de él interiormente. Podemos vivir dándole la espalda. Pero él nos espera siempre, y está siempre cerca de nosotros.

En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El «cielo», la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre. El estar el hombre en Dios es el cielo.

Publicado en Jesús, Papa | Etiquetado , , , | 4 comentarios

Paz

 

Comentario del Evangelio de hoy  según San Juan 14,27   por Cardenal Joseph Ratzinger [Papa Benedicto XVI]
Meditaciones de Semana Santa, 1969:

«Me voy, pero volveré»

        El evangelista Juan remonta ambos sacramentos [del bautismo y de la eucaristía] a la cruz: los ve brotar del costado abierto del Señor (19,34) y descubre allí el cumplimiento de una palabra de Jesús en su discurso de despedida: «me voy y volveré » (griego). » Por lo tanto, vengo; sí, mi partida – la muerte sobre la cruz – es también mi regreso».
        Mientras vivimos, nuestro cuerpo no es sólo el puente que nos úne unos a otros, es también la barrera que nos separa, nos encierra en el reducto infranqueable de nosotros mismos… Su costado abierto es el símbolo de la nueva apertura que el Señor se granjeó en la muerte. En lo sucesivo, se quita la barrera de su cuerpo: la sangre y el agua fluyen de su costado a través de la historia en un flujo inmenso; como Resucitado, es el espacio abierto que nos convida a todos.
        Su vuelta no es un acontecimiento lejano, situado al final de los tiempos: comenzó a la hora de su muerte, de donde vino a nosotros, de un modo totalmente nuevo. Así, en la muerte del Señor, se cumplió el destino del grano de trigo: si no es enterrado en tierra, queda infecundo, pero si cae en tierra y muere, da mucho fruto (Jn 12,24). Todos nosotros, todavía vivimos del fruto de este grano de trigo que murió. En el pan de la eucaristía, recibimos la multiplicación inagotable de los panes del amor de Jesucristo, bastante rico para saciar el hambre de todos los siglos.

Publicado en Amor, Papa, paz, Vida | Etiquetado , , , , , | 5 comentarios

Mes de María

 
Oración a la Virgen Maria de Benedicto XVI entregada a jóvenes italianos para que les sirva de meditación.
 
María, Madre del «sí», tú has escuchado a Jesús
y conoces el timbre de su voz y los latidos de su corazón.
Estrella de la mañana, háblanos de Él
y cuéntanos cómo es tu camino para seguirle por la senda de la fe.

María, que en Nazaret viviste con Jesús,
imprime en nuestra vida tus sentimientos,
tu docilidad, tu silencio que escucha
y haz florecer la Palabra en opciones de auténtica libertad.

María, háblanos de Jesús, para que la frescura de nuestra fe
brille en nuestros ojos y caliente el corazón de quien se encuentra con nosotros,
como lo hiciste al visitar a Isabel,
que en la ancianidad se alegró contigo por el don de la vida.

María, Virgen del «Magnificat»,
ayúdanos a llevar la alegría al mundo y, como en Caná,
lleva a todo joven, comprometido en el servicio a los hermanos,
a hacer sólo lo que Jesús diga.

María, dirige tu mirada al Ágora de los jóvenes,
para que sea terreno fecundo de la Iglesia italiana.
Reza para que Jesús, muerto y resucitado, renazca en nosotros
y nos transforme en una noche llena de luz, llena de Él.

María, Virgen de Loreto, puerta del cielo,
ayúdanos a elevar la mirada.
Queremos ver a Jesús. Hablar con Él
y anunciar a todos su amor.

Publicado en María, Oración, Santidad | Etiquetado , , , | 4 comentarios