San José

 

San Claudio Colombière  (1641-1682), jesuita, nos dejó este panegírico sobre  S José. 

«No temas acoge en tu casa a María, tu mujer»

        No sabemos muchas cosas sobre la vida de San José. El Evangelio sólo reproduce tres o cuatro de sus acciones; y un antiguo autor observó que faltaba una de sus palabras. Posiblemente… el Espíritu Santo lo quiso así para destacar el silencio y la humildad de san José, su amor por la soledad y la vida escondida. Sea lo que sea, tuvimos con esto una gran pérdida. Si el Señor hubiera permitido que se supiera detalladamente la vida de este gran santo, habríamos encontrado, sin duda, bellos ejemplos, bellas reglas, sobre todo para los que viven en el estado del matrimonio…
        Toda la vida de San José puede dividirse en dos partes: la primera es la que precedió a su matrimonio; la segunda es todo lo que lo siguió. No sabemos nada en absoluto de la primera y sabemos muy pocas cosas de la segunda. Pretendo sin embargo resaltar que ambas fueron muy santas: la primera ya que fue coronada con un matrimonio muy ventajoso; la segunda fue todavía más santa ya que pasó totalmente en este matrimonio…
        ¡Qué provecho debió sacar San José de los años de conversación contínua que tuvo con la Virgen Santísima!… No dudo de ninguna manera de que el mismo silencio de María fuera extremadamente edificante y que fuera suficiente mirarla para sentirse llevado a amar Dios y a despreciar el resto. ¡Pero cómo debían ser las conversaciones de un alma donde habita el Espíritu Santo, en la cual Dios derramó la plenitud de la gracia y que tenía más amor que todos los serafines juntos!
        ¡Qué fuego no saldría de su boca, cuando la abría para expresar los sentimientos de su corazón! ¡Qué frialdades, qué hielos no habrá disipado este fuego! ¡Pero qué efecto produciría en José qué tenía ya tanta disposición a ser inflamado!… Este gran fuego, capaz de abrasar toda la tierra, sólo tuvo el corazón de José para calentar y consumir durante un gran número de años… ¡Si Ella creyó que el corazón de San José era una parte del suyo, qué cuidado tendría en inflamarlo del amor de Dios!

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El que no recoge conmigo, desparrama.

 ¿Recoges con Jesús? porque si no es así, desparramas. Lc, 11:23   .

¿Recoges con Jesús? Recoger con Jesús es preguntarnos siempre: ¿cómo actuaría el Maestro en mi sitio?, ¿cómo resolvería este problema?, ¿cómo respondería a esta provocación?, ¿cómo vencería esta tentación? Si eres permeable a la acción del Espíritu Santo, sabrás la respuesta. 

 Recoger con Jesús es amar como Él nos ama, (Jn, 15:12), entregarse siempre a Él por amor borrando todo resto de egoísmo; entonces recogemos «una medida buena, apretada, remecida y rebosante», Lc 6:38; una medida que hará  de ti un ser lleno de gracia santificante. 

Recoger con Jesús es mirar con misericordiaa los que sufren y derraman sobre nuestro corazón sus miserias. 

Recoger con Jesús es escuchar con atención a quien necesita manifestar su dolor. 

Recoger con Jesús es dar de comer al hambriento, sobre todo al hambriento de Dios y dar de beber al sediento de la gracia del Señor.

Recoger a Jesús es vencer al demonio en todas sus formas y no permitir a Satanás tejer una red que tape nuestros ojos, oídos y corazón.  La oscuridad no puede vencer a la Luz sin nuestro consentimiento.

Recoge con Jesús Recoger con Jesús es estar dispuesto a subir a la cruz por amor y así poder resucitar con Él.

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Templo de Dios

 

Ser templo de Dios es la vocación de todos los seres humanos, los cuales han sido llamados a la vida para albergar a Dios en su interior con el fin de establecer una relación de amor eterno. Seamos conscientes de esta grandeza y nuestra vida cambiará: Cuando nos encontremos con otras personas veremos el templo habitado por Dios, entonces cualquier atisbo de envidia, soberbia e ira desaparecerán al ser conscientes de que, no sólo tratamos con ellos, sino que también tratamos con el mismo Dios.  Cuando sintamos la soledad, nos daremos cuenta de que es una tentación del enemigo, ya que jamás el Señor, nuestro Padre, nos abandona.

Aprendamos a respetar la vida como aliento divino, veamos siempre su grandeza y aproximémonos a ella con admiración y amor. No temamos más, amémonos unos a otros ya que somos templos del mismo Espíritu, procuremos tenerlo limpio y luminoso para que Dios esté complacido en él.

Cada vez que una  vida humana es concebida, Dios sopla sobre ella el espíritu y la convierte en su templo. Desde ese momento cualquier ataque a su persona es un ataque al templo de Dios y un obstáculo a sus planes. Cuando una vida humana es llamada por Dios porque su tiempo en la tierra terminó, abandona su cuerpo que debe ser honrado por haber sido templo del mismo Dios.

«Señor, ayúdame a barrer este templo tuyo de toda maldad y dame las virtudes que dan gloria a tu presencia en él».

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Jesús, confío en Ti

 

Jesús, confío en Ti, porque eres el Dios de mi vida.
Jesús, confío en Ti, porque eres el hombre de mi vida.
Jesús, confío en Ti, porque subiste a la montaña y te transfigurarte.
Jesús, confío en Ti, porque resucitaste como me lo prometiste.
Jesús, confío en Ti, porque convertiste el agua de mi vida en vino.
Jesús, confío en Ti, porque me amaste antes de que yo existiera.
Jesús, confío en Ti, porque no dudaste en dejarte clavar en una cruz por mi.
Jesús, confío en Ti, porque hiciste de mi vida un paraíso.
Jesús, confío en Ti, porque sólo me pides una cosa: “sé feliz”.
Jesús, confío en Ti, porque me diste la Iglesia para vivir en Ella.
Jesús, confío en Ti, porque me salvas todos los días.
Jesús, confío en Ti, porque eres mi Maestro.
Jesús, confío en Ti, porque esta oración me lleva al Corazón de Dios.
Jesús, confío en Ti, porque es un gozo inmenso el saber que Tú tienes mi vida en tus manos.
Jesús, confío en Ti, porque sabes vivir y me contagias tu sabiduría.
Jesús, confío en Ti, porque cuando la angustia y la ansiedad invadieron tu humanidad me mostraste el camino para sanar: Oración.
Jesús, confío en Ti, porque habitas muy cerca de mi hogar, en el Sagrario de la Parroquia.
Jesús, confío en Ti, porque agotas todas las posibilidades para que un alma vaya a Dios.
Jesús, confío en Ti, porque tu perdón no tiene límites.
Jesús, confío en Ti, porque eres la bondad, la amabilidad, la vida, la ternura, el hermano, el padre, el amor…Dios.

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Sálvate

 

No esperes al final de tu vida para hacer el camino, no tendrás ni fuerzas ni tiempo.

No esperes al último día para abrazar a Dios y dejarte abrazar por Él porque no sabrás lo que son días felices.

No esperes al atardecer para ver salir el sol, jamás lo conseguirás.

No tires tu tiempo, es de lo más valioso si lo ordenas al Amor.

No desesperes porque hoy llueve, piensa que Dios está construyendo su jardín.

No pierdas la confianza con el Amigo del Sagrario, acude a Él con asiduidad y verás como todo cambia en tu vida. Descansa en Jesús, es fuerte y valiente.

Pide siempre el Espíritu Santo, sus dones son la mayor fortuna.

Si tienes que salir de noche y en medio de la tormenta, lleva siempre la Luz de Cristo contigo.

Si en tu vida hay suciedad, pide a Jesús que te lave y purifique con su Sacramento de la Penitencia, que te vista con las vestiduras blancas de sus hijos predilectos y te corone con todas las virtudes.

 

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