Vida espiritual

 Sólo te digo esto: libérate, de verdad, de tí mismo y de todas las cosas creadas, y levanta tu alma a Dios por encima de todas las criaturas, en el abismo profundo. Allí, sumerge tu espíritu en el Espíritu de Dios, en un verdadero abandono…, en una unión verdadera con Dios… Allí, pide a Dios todo lo que quiere que se le pida, lo que deseas y lo que los hombres desean de ti. Y ten esto por cierto: lo que es una insignificante moneda frente a cien mil monedas de oro, lo es toda oración exterior frente a esta oración que es unión verdadera con Dios, este derroche y esta fusión del espíritu creado en el Espíritu increado de Dios…                                                                     

Extraído del sermón 15 de Juan Taulero (v. 1300-1361), dominico en Estrasburgo, en las  Vísperas del Domingo de Ramos.

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Amor, misericordia y paz

Si das amor porque eres amor como tu Creador y tienes misericordia con los demás, entonces la paz estará dentro de ti y también a tu alrededor porque Jesús (la Verdad) te lo prometió. Busca serle fiel en todo y no pierdas de vista su Presencia santificadora porque, el que ya lleva dos mil años  habitando entre nosotros, vivirá en la tierra hasta el fin del tiempo. Pasarán los poderes de este mundo, pasarán las doctrinas que atacan a la Iglesia, pasarán las leyes-pecado, pero Él seguirá presente en los Sagrarios hasta su segunda venida.

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Crisis

 

En las lecturas de la celebración de la Eucaristía de hoy se escucha a Dios, con toda claridad, hablándonos para este tiempo en el que el mundo padece una grave crisis económica que es consecuencia de una crisis derivada del hecho de que los poderes del mundo han dado la espalda a Dios y, a través de los medios de comunicación, han conseguido que muchos seres humanos vivan como si Dios no existiera.

En el libro de Jonás, Capítulo 3 leemos: «Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió».  Las amenazas eran más bien advertencias, cuando nos desviamos del camino de salvación y no escuchamos a aquellos que Dios pone para avisarnos, no le queda otro remedio que hablarnos de otra forma. Cuantas veces una enfermedad, una pérdida económica etc. nos han empujado a volver a la casa del Padre. Ahora, que la crisis económica de los llamados países ricos (los pobres ya vivían en ella) cabalga sobre la crisis moral, que los cristianos llamamos pecado, el Señor nos sigue anunciando: 

  Evangelio según San Marcos, Capítulo 1: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia». Si permitimos a Dios entrar en nuestras vidas y dejamos que Él las tenga en sus manos, estoy segura que desaparecerían todos estos males que en la actualidad nos ensombrecen y obligaríamos a nuestros gobiernos a cambiar las leyes que tanto ofenden a Dios.

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Alegría de Dios

Busca en tu corazón el sitio en el cual el Señor puso las semillas de la alegría. Abónalas con la oración, riégalas con el amor a Jesús y después conviértete en un sembrador de ellas, así imitarás al Señor, tu Dios, y serás un poco más imagen y semejanza de Él.

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Adora a Cristo

Adora a Cristo en la Eucaristía porque es Dios. Él es el puente que construyó el Espíritu para que nos salvemos. Confíale tu vida, háblale de tus penas y alegrías y no regatees el tiempo en su presencia porque te devolverá el ciento por uno.

Míralo y contémplalo, vive en el Sagrario muy cerca de tu casa, es fácil encontrarlo y te espera.

Cuando estés en su presencia, espera y confía porque te llenarás de amor y, si tienes estas tres virtudes, empezarás a vivir la salvación.

Cristo quedó en la Eucaristía para que lo comulgues y dejes que Él te comulgue a ti y así formará parte activa e importante en tu vida, mezclándose contigo de tal forma que no seas tú sino Cristo el que conduce, entonces todo irá bien.

Ser un Sagrario viviente en el que los demás vean a Jesús es una de nuestras tareas como cristianos.

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