
Un día el Señor dijo: Nunca mates la ilusión en los demás; porque si matas la ilusión siembras la desesperanza, la tristeza, la angustia y el dolor; porque si matas la ilusión, matas el motor de su vida, llevas la semilla del diablo a tu alma y el mal se extiende. Si matas la ilusión, el llanto entra en esa vida y, por cada lágrima derramada, Jesús suda una gota de sangre en su pasión.











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