Santa María, Madre de Dios

María, Madre de Dios y Madre nuestra, mujer perfecta que nos acoge a todos como hijos prolongando así la Maternidad de Jesús.

María, amor y ternura, deposito a tus pies el año que terminó y el que hoy empieza para que conviertas mis espinas en rosas, mis males en bienes, mis angustias en alegrías, mis miedos en amor, mis desconfianzas en fe fuerte y mis ansias de superación en una verdad guiada por Jesús. Sé de quien me fío y sé en quien confío, por eso estoy segura de que mi oración será escuchada.

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Santos Inocentes

«Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años».
 
Hoy hay muchos niños inocentes y sacrificados:
Perdón Señor, por los que son asesinados antes de nacer.
Perdón Señor, por los que se mueren de hambre.
Perdón Señor por los que mueren en guerras.
Perdón Señor, por todos los niños víctimas de la violencia.
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Navidad

 

El Amor de Dios es Dios mismo en su entrega a nosotros. Nada hay semejante a este hecho y nada hay tan grande como esto: «Dios acostado en un pesebre». Él, que todo lo hizo con su Palabra y que contiene a todo lo creado, se hace un Niño nacido de Mujer y nos enseña a vivir desde el primer instante, reinando sobre cualquier pecado.

¡Dios es un Niño! ¡Dios tiene por cuna un pesebre! ¿Conoces a algún otro ser que haga estas cosas? No, no conoces a nadie como Él porque es único.

Demos gracias al Señor por permitirnos participar de la Luz que brilla en las tinieblas de la noche. Hoy es Nochebuena, hoy la creación se inclina ante el Creador, hoy la Paz es un don de Dios. Esta noche el cielo y la tierra se unen y un puente, llamado Jesús, se tiende para siempre entre Dios y los hombres. ¡Aleluya! Gloria a Dios que se mece en una cuna hecha de un pesebre.

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María mira a su Niño

 

Acabo de recibir por email este texto de Sartre, maravilloso y extraño dentro de su obra quizás por ser escrito en el campo de prisioneros alemán Stalag 12D que compartió con algunos sacerdotes: 

«La Virgen está pálida y mira al niño. Lo que habría que describir en su cara es una reverencia llena de ansiedad que no ha aparecido más que una vez en una cara humana. Y es que Cristo es su hijo, carne de su carne y fruto de sus entrañas. Durante nueve meses lo llevó en su seno, le dará el pecho y su leche se convertirá en sangre divina. De vez en cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. Le estrecha entre sus brazos y le dice: ¡mi pequeño! Pero en otros momentos, se queda sin habla y piensa: Dios está ahí. Y le atenaza un temor reverencial ante este Dios mudo, ante este niño que infunde respeto. Y es una dura prueba para una madre tener vergüenza de sí y de su condición humana delante de su hijo. Aunque yo pienso que hay también otros momentos, rápidos y resbaladizos, en los que siente, a la vez, que Cristo, su hijo, suyo, es su pequeño, y es Dios. Le mira y piensa: Este Dios es mi hijo. Esta carne divina es mi carne. Está hecha de mí Tiene mis ojos, y la forma de su boca es la de la mía. Se me parece. Es Dios y se me parece. Y ninguna mujer jamás ha tenido así a su Dios para ella sola. Un Dios muy pequeñito al que se puede coger en brazos y cubrir de besos, un Dios caliente que sonríe y que respira, un Dios al que se puede tocar; y que sonríe. Es en uno de esos momentos cuando pintaría yo a María si fuera pintor. Y trataría de plasmar el aire de atrevimiento tierno y tímido con que ella adelanta el dedo para tocar la piel pequeña y suave de este niño-Dios cuyo peso tibio siente sobre sus rodillas y que le sonríe» (Jean Paul Sartre, Barioná, el Hijo del Trueno).

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Se acerca Navidad

 

En el mundo hay muchas formas de ver y vivir la Navidad,  por ejemplo:

La de aquellos que hacen grandes cenas con mesas de lujo, tienen cerca un  árbol con brillos y papeles de regalo, se visten de lentejuelas e incluso son portada de revistas.

La de aquellos que no quieren saber nada de estas fechas y se escapan a los aeropuertos; bien porque su corazón está vacío de Dios o bien porque  asocian estos días a épocas pasadas de su vida que los mantienen atrapados en el tiempo.

La de aquellos que hacen una cena familiar por costumbre o tradición. Suelen comentar que están deseando que pasen estas fechas porque no les apetece nada sentarse a una mesa con familia con la que ya no conviven y ésta ya no les satisface , por supuesto no piensan en amarlos y servirlos.

La de los que esperan a Jesús en sus vidas o  ya lo tienen en ellas. Para ellos los días anteriores a Navidad son  una época intensa en la oración y en la conversión que llevan al júbilo de Dios en ellos. Es tiempo de contemplar el Misterio tan grande del Portal, en donde un Niño vence la soberbia, el orgullo y la vanidad del mundo.

La Navidad sin Jesús es un vacío enorme. La vida sin Jesús es muerte. 

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